10 octubre 2012

Leyendo

Sonaron las doce del día cuando ella recordó que debía regresar a casa por su libro.

- ¿A dónde vas?, preguntó la mamá
- A evitar que tiren mis libros a la basura, respondió.

La próxima vez, asegúrate de no tirar los libros viejos.


Alicia en sus ratos libres

Alicia llevaba los días tranquilos, despertaba temprano y hacía ejercicios, estudiaba su segunda carrera y pintaba, se leía un par de libros al mes, el museo, el teatro, las películas en blanco y negro, eso era ella. Salir y dar un paseo sola, o acompañada si alguien se encontraba camino a cualquier lugar. Se cocinaba algo saludable, escuchaba un par de canciones y tomaba una ducha.
Alicia por las noches era la misma, sólo que sin bragas y con un sujetador que dejaba mucho que mostrar, un vestido a 25 centímetros de las rodillas,  las medias negras y tacones esperando que llamen a su teléfono para salir a trabajar.

Antes de terminar

Esos momentos de intimidad son a mi criterio aquellos que nos ayudan a sobrellevar las cosas, cuando logramos ser nosotros mismos y nos echamos a compartir un poco con la otra persona. Donde tenemos esas experiencias en la que el individuo tiene la sensación de estar flotando fuera de su cuerpo, pudiendo verse desde otro punto de vista. Experiencias extracorpóreas donde la mente levita y a veces lo que quiere se hace realidad, justo antes de terminar.

Y mis uñas

Tu que sabes de encuentros y miradas inesperadas, que sabes de andar un rato y encontrarte con algo o alguien que no querías, o voltear la esquina y ver a quien menos esperas pero siempre quisiste ver, ahí parada y sonriendo queriendo que creas que eso no fue planeado, que ella salió de casa arreglada para comprar algo que venden justo cerca de tu casa, que coincidencia y que conveniente para los dos. Volvamos al principio, veamos donde fue que comenzó todo, donde ella lo planeó, donde cruzaron la calle el mismo día pero a diferentes horas, donde se subió al coche y decidió manejar hasta poder encontrarse.   

     

El vestido rosa


Cuando por fin encontró su vestido favorito, se lo puso y se paró frente al espejo esperando que le guste lo que estaba a punto de ver. Sintió que le faltaba el aire, aún así siguió viéndose al espejo, con los dientes se arrancó el cuerito del dedo. Lo que estaba viendo no era lo que esperaba, era mucho mejor, pintó sus labios de color rosa y con tacones muy altos salió con una sonrisa que llevaría por un largo tiempo.

04 octubre 2012

La foto de los dos

Tomas una fotografía y la dejas. Esperas que no suceda nada mas que el lente captando una fotografía no se volvería a tomar. Que no habrán momentos en los que quieras verla y recordar porque tomaste esa foto, que si pasa que así sea, que si se pierde no se la va a buscar, simplemente dejarla ahí y esperar que no pase nada. Pero esa foto llevó a un encuentro, y ese encuentro llevó a dos personas desconocidas sentadas en un mismo sitio hablando de cosas sin sentido, y esa plática sin sentido llevó a lo que tenemos hoy, dos personas que esperan tomarse mas fotos, y que mientras esperan hay fotos que tomar.

No le encontré un nombre

Revisando fotos de otras personas, me encontré con una en particular, era yo de espaldas, yo de frente, yo caminando, yo comiendo y yo sonriendo, y yo no lo sabía.