Ella se sentó frente a él, se les había hecho costumbre esto de sentarse a hablar; ella cogió las excusas que él le había dado, les quitó el polvo, les pasó un trapo y decidió pintarlas de azul. Tan bien lo hizo que quedaron como nuevas.
Después de todo el esfuerzo y arduo trabajo, -ella ya cansada-decidió ponerlas en la mesa y se fueron a dormir. Hubiera sido un error no perdonar a ese hombre que la amaba tanto.
25 octubre 2012
Para quererte
Tus cabellos se envuelven entre mis dedos.
Siempre hueles rico y no usas perfumes.
Eres descomplicado a la hora de vestir.
Se me hace extraño cogerte la mano.
No te gustan los regalos y a mí me gustan
darlos.
Hemos logrado matarnos más veces que
muchos.
Contigo no desconfío, eres mi amigo.
La manera en que juntas tus labios para
hablar.
Porque mis brazos extrañan tu cuerpo.
Ahora, porque mi cuerpo me lo pide.
Porque te extrañaría aún sin conocerte.
Saliendo de la rutina
Regresaban a casa tarde como de costumbre, una ducha pensó ella; un libro antes de dormir dijo él y ambos se fueron por diferentes caminos. Él la miró y le dijo: no te asustes si hoy no quiero tocarte; y se acostó junto a ella para verla dormir toda la noche.
Por no saber bailar
A Carlos le supo a nada verla bailar con otro, se sentó en la última mesa sin perderla de vista; veía como giraban, reían y como Guillermo ponía sus manos alrededor de su cintura, no tenía si quiera intención a pestañear. Tragó saliva y se fue a lavar la cara para despejarse un rato, regresó para seguir persiguiéndolos con la mirada, estaba a una distancia decente, donde podía disimular mientras los veía. Guillermo la apretó contra su cuerpo y recogió sus cabellos, el pobre de Carlos no sabía donde meter sus ganas, del coraje pasó a la tristeza y viceversa.
Guillermo y ella habían bailado toda la noche, él no pretendía dejar de girar. Ella le suelta las manos y se despide del tipo con el que había bailado y que sin interés alguno lo dejó sin siquiera preguntar su nombre, sin una sola sonrisa. Ella no tenía como ir a casa y Carlos sabía perfectamente donde vivía.
Guillermo y ella habían bailado toda la noche, él no pretendía dejar de girar. Ella le suelta las manos y se despide del tipo con el que había bailado y que sin interés alguno lo dejó sin siquiera preguntar su nombre, sin una sola sonrisa. Ella no tenía como ir a casa y Carlos sabía perfectamente donde vivía.
Para Lucía
A Lucía no le faltaba nada y sin embargo lo necesitaba todo. Verla sonreír era felicidad, y hacerla sonreír aún más. Su belleza era una hermosa casualidad o un regalo necesario que fue provisto por Dios para que ella pueda lidiar con toda esa gente.
Ana y Ana
Ana sintió que la observó toda la noche, mientras bailaba, reía y cuando se iba le sonrió. Esa sonrisa llevó a otros sucesos que no conviene mencionarlos por respeto a nuestros lectores, pero Ana sintió desde la Luna nueva al nuevo amanecer. Ana despertó junto a ella, se vistió tranquila, guardó ese amanecer y se fue, sin dejar rastro alguno.
¡Ay Ana!
¡Ay Ana!
21 octubre 2012
Y yo a ti
Los paseos que daban juntos es lo que la hacia a ella especial, Carlos no paraba de sonreír cuando estaba a su lado, y ella no paraba de cantar para que Carlos sonría, que divertido y predecible a la vez.
- Te amo, le dijo Carlos viendo a sus ojos.
- Y yo a ti, respondió. No tuvo intención de pronunciar palabra alguna.
- Te amo, le dijo Carlos viendo a sus ojos.
- Y yo a ti, respondió. No tuvo intención de pronunciar palabra alguna.
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